EL CINE COMO MEDIO DE COMUNICACION DE MASAS

Escrito por filocom 09-04-2011 en General. Comentarios (0)

Entre 1919 y 1933 se desarrolló en Alemania lo que ha sido conocido con posterioridad como cine expresionista, casi un quinquenio que aglutina buena parte de las obras maestras con las que el cine alemán ha contribuido a la historia del cine. El esplendor de este modelo de cine acaba, en efecto, en 1933, coincidiendo no por casualidad con el ascenso al poder de los nazis.

 En los primeros años de la década de los 30 todavía se realizaron unas pocas obras maestras que alargaron el periodo de esplendor cinematográfico superando la rémora que supuso para este tipo de arte la abrupta irrupción del sonido allá por el año 29: El ángel azul (1930) de Stemberg; Cuatro de infantería (1930) de G.W.Pabst; M, el vampiro de Dusseldorf, de Fritz Lang; Vientres Helados (1932) de Slatan Dudow,; La luz azul de Leni Riefenstahl, y ya en 1933 El testamento del doctor Mabuse, de FritzLang.

 

 Vale la pena que nos detengamos mínimamente en esta película, ya que, no en vano, podría ser considerada algo así como la última película expresionista realizada en la República de Weimar y que sirvió de gozne para calibrar las diferencias entre los dos regímenes, hasta tal punto que el filme no llegó a estrenarse, pues fue prohibida por el Ministerio de Propaganda nazi.

 

Tal hecho no es de extrañar si hacemos caso a lo que el propio Lang confiesa sobre su cinta: que el argumento de la misma era un pretexto para poder hacer una crítica al partido nazi, que en el momento de la elaboración del filme no gobernaba todavía, pero que ya empezaba a evidenciar rasgos de en lo que luego se

convertiría. Siempre según Lang, con este filme pudo poner algunas frases que se podían oír en los mítines nazis en boca de un loco, a la sazón protagonista de El testamento del doctor Mabuse. La película fue prohibida por Goebbels porque “constituía una amenaza a la ley, el orden y la seguridad pública”, aunque la versión oficial que esgrimía el ministro de Propaganda eran siempre unos escuetos motivos políticos.

 

En cualquier caso, Lang es representativo de una buena serie de directores germanos que durante aquella época abandonaron Alemania para unirse normalmente a la todopoderosa industria hollywoodiense, desde donde en más de un caso hicieron todo lo posible para desprestigiar el régimen nazi. Sin detenernos en todos los que se marcharon en la época sí citaremos a unos pocos de los más representativos: Murnau, Billy Wilder, Robert Siodmack, William Dieterle, Ernest Lubitsch, Josef Von Stemberg, Fred Zinneman, Douglas Sirk…

 

Algunos de ellos huyeron por motivos políticos, eran contrarios al régimen de Hitler y a lo que este significaba y otros tantos lo hicieron por motivos artísticos, indisolublemente asociados a los anteriores: la censura impuesta por los nazis acababa con la libertad artística con la que contaban en el período de la

República de Weimar. No sólo había censura, sino que además desde el partido se dieron unas consignas que se debían seguir a la hora de realizar películas acordes con el espíritu del nuevo régimen. “El 16 de Febrero de 1934 se dictó un nuevo reglamento cinematográfico que introdujo la censura previa de guiones y proyectos de nuevos filmes y endureció la censura a posteriori, para controlar los contenidos ideológicos de los mismos:

 

se prohibieron de una manera especial los guiones que fuesen contra el espíritu de los tiempos o contra la sensibilidad nacionalista(…) se cuidaba que estos filmes reflejasen el espíritu nazi que sus productores perteneciesen a la raza aria”.

 

Con todo, el resultado de este tipo de normas impuestas a las películas alemanas de la época distó de ser original, en realidad tiene pocas cosas propias. Desde el punto de vista estético no crea un estilo novedoso, sino que se limita a adoptar géneros y temas del cine del régimen anterior, reforzados convenientemente con una dosis de nacionalismo, a menudo demasiado evidente y simplista en sus planteamientos.

El cine alemán pasará en estos años de ser privado a estar enteramente controlado por el régimen; mención especial merece la principal productora de la década anterior, la UFA, que vería como esta adquisición y control por parte estatal se convertiría en un mero instrumento de propaganda del régimen.

Goebbels confiaba en el valor de los mensajes fílmicos para “ganar el corazón del pueblo y conservarlo”; le gustaba tanto el cine como la radio, considerándolos a ambos los dos instrumentos más efectivos de transmisión ideológica, ya que ambos le permitían llegar a la audiencia de una forma amplia y directa. Una prueba de la astucia del ministro de Propaganda se evidencia en su decisión de no hacer propaganda directa a través de la ficción, sabedor de que el público abandonaría en ese caso las salas de cine. Fue el cine informativo el destinado a la propaganda, mientras que el de ficción se destinó a ser un simple elemento de evasión, de huida de la realidad, sin dejar de ser, por supuesto un vehículo para la ideología social, moral o racial nazi. En este sentido, demostró más dominio de los métodos de persuasión que Hitler, quien prefería las películas propagandísticas, los documentales de guerra que, según su opinión conseguían ser mucho más directos y efectivos.

 

Una vez situada la cuestión de las características del cine alemán de la época, en el que ya decimos, la gran mayoría eran historias simples de evasión, pasamos a continuación a detallar (por orden cronológico) algunas de las excepciones, películas importantes dentro de lo que podríamos llamar cine ideologizado y que servían de una manera más o menos sutil a  los intereses propagandísticos del partido.

 

  JUAN ANTONIO FERNANDEZ Y ASCEN DELGADO.

Actas del V Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, celebrado en Valencia en Mayo de 2000