DENUNCIA COMO MEDIO DE COMUNICACIÓN

Escrito por filocom 03-04-2011 en General. Comentarios (0)

Una de las tareas principales que cumplen los medios de comunicación, es la de divulgar y difundir información que de otra manera no sería conocida por un amplio colectivo social. En muchos sentidos esta responsabilidad constituye su “razón de ser” y forma parte esencial del imaginario que les caracteriza e identifica.

Por extensión, los medios son el espacio “natural” para la denuncia informada. Es decir, el lugar en donde se produce la revelación de lo oculto, y de lo inexplicable. Si algo debe caracterizar a la actividad de trasmitir información es precisamente su capacidad para dar a conocer aquello que pretende pasar inadvertido o aquello que se pretende que no sea descubierto a la masa de la sociedad. En este sentido, los medios de comunicación también cumplen un papel “político” de primer orden, especialmente en un momento como el actual, en donde la transparencia y la rendición de cuentas se han convertido en factores decisivos para la legitimación de los liderazgos públicos y gubernamentales.

Tanto es así que no son pocos las y los comunicadores de todo el mundo que han sido asesinados (física, intelectual o profesionalmente) por develar los intríngulis del poder o por querer informar insitu de lo que ocurre en nuestra sociedad. Esta deplorable situación ha continuado siendo una plaga en América Latina y ha adquirido un nuevo y trágico giro con el creciente despliegue del Crimen Organizado en la región. No cabe duda, a este respecto, que los periodistas honrados y consecuentes son la mayoría y prueba de ello la constituye la alta incidencia de ataques de todo tipo del que son víctimas. Ataques que, gravísimos cuando atentan contra su integridad física de las y los comunicadores. Ello también ocurre con la autocensura, recurso indeseable que, no obstante, se aplica con frecuencia como medida de defensa de los medios ante las arremetidas de los actores más poderosos de un sistema político. Muestra de ello, lo encontramos en países como en cuba o recientemente en países de toda la región árabe, e incluso podemos llegar a demostrarlo en la Europa civilizada con recursos como los utilizados por el primer ministro Italiano.

La denuncia mediática, sin embargo, también conlleva riesgos para los actores políticos o sociales. Quizá el mayor de ellos sea el de socavar la presunción de inocencia, principio central del Estado de Derecho. Esto es problemático incluso si no media en el proceso malicia ninguna. Pero sí lo es, y mucho, cuando a la denuncia infundada se suma una intención de manipulación “política” ulterior que, merced a las nuevas tecnologías y a la rápida difusión de la información que éstas permiten, pueden destruir honras y personas en “tiempo real” y causar daños irreparables a la urdimbre de confianza y credibilidad sin la cual un proyecto político (y sus dirigentes) difícilmente puede prevalecer.

No hay duda que ello ya ha ocurrido, muchas veces, en la historia reciente. Esto explica la insistencia con que algunos gobiernos (Ecuador, Panamá, Venezuela entre otros) han planteado el tema de la llamada “responsabilidad informativa” de los medios de comunicación y las iniciativas que, desde los Poderes Ejecutivos, se han convocado para tratar de tutelarla. Aún así, lo cierto es que tal circunstancia no pareciera por fortuna ser la norma y por el momento aquello es más bien excepcional.

No lo es por cierto –pero eso es natural y hasta deseable- la tensión que sigue caracterizando a los vínculos entre medios de comunicación y aparatos políticos, principalmente cuando unos y otros provienen de sensibilidades ideológicas diferentes o bien cuando se producen contradicciones en torno a los temas centrales de la agenda pública.

 

Articulo Elaborado por Ascen Delgado y Juan Antonio Fernández.

Fotografia de Sebastiao Delgado; Retratos del Mundo